lunes, 20 de abril de 2009

Cielo Derramado


Cielo que derramas tus diamantes por el mundo,
que cubres con tu llanto de estrellas las noches
en que el fuego de la ciudad desaparece o no existe.

Concede el deseo del condenado a vivir tu eterna senda
extraído de toda consciencia, perdido en un sitio perdido busca,
busca, busca y llora al no hallar paz en ese infierno que habita.

Acorrala su dolor de no ver más que tu implacable brillo,
de no sentir más que el incesante frío que te perfuma,
de sentir ira, melancolía, soledad.

Cielo que derrumbas millones de espejos,
recuerdos enmarcados que se disuelven levemente
mientras se llena de fuego el firmamento.

Déjame liberarte de tantas lágrimas colgadas en tu nombre,
limpiarte todo el dolor que te han provocado las almas penitentes,
calcinar los fantasmas que te agotan gota a gota.

Transfórmate en espuma, derrámate en el ombligo de la luna,
muta en mar y ahoga todo lo que te ha hecho prisionero,
absuélveme de todos mis pecados, permíteme ser feliz.

jueves, 16 de abril de 2009

Camino, caminó, camino



Esta vez puedo tenderme al sol y disfrutar del atardecer.

No he parado ni un instante de decirme al oído que esta vez las cartas salieron a mi favor, se que el camino llego a su final. El viaje ha concluido.

Necesité que la vida me pateara hasta el hartazgo para sucumbir a la razón, es imposible continuar sumergido en el fango solo por gusto, solo por estar, no puedo permitirme que todo lo que he ganado se desintegre ante mis ojos, ya no, no otra vez.

Podría mentirme, sugerirme que pude evitar el naufragio, evitar el huracán, mas mi paciencia, mi esperanza y mi razón me escupen en la cara que ya no, no quiero salvar las naves, quiero que el futuro me embista de una vez por todas y desintegre mi pasión en millones de fragmentos.

Quiero que me estalle el corazón, que mi piel se derrita de una vez por todas, necesito consumirme por completo, convertirme en casi cosmos para que de esa gran nada surja feroz y radiante, mi ave de fuego.

Ave fénix que iluminara el cielo de mis noches infinitamente, seré testigo de mi propia resurrección sin haber transitado por el valle de los muertos, sin haber andado esta vez, descalzo y bajo la lluvia.