lunes, 18 de marzo de 2013

D y E


La sangre goteaba de a poco sobre el lava manos, el piso del baño estaba completamente húmedo y el vapor inundaba la habitación.

-Diana abre la puerta – gritaba desde el otro extremo Eduardo mientras aporreaba con pies y manos las tablas que conformaban la puerta, sin embargo del otro lado no había respuesta, solo se escuchaba agua correr y música pero Diana no respondía.

Eduardo se deslizó por la puerta hasta quedar de rodillas para poder mirar por debajo sin embargo solo podía ver los pies de Diana y la ropa de esta al lado de la tina de baño, nada más, el vapor estaba tan denso que no le permitía ver nada más allá de eso.

-Diana sé que estás enojada conmigo, perdón, me equivoqué ok, perdóname y abre la puerta, déjame explicarte que pasó. Sin embargo no obtuvo  respuesta alguna.

Eduardo se cubrió el rostro con las manos mientras golpeaba un par de veces más la puerta con la cabeza sin dejar de decir – Diana, ábreme y perdóname.

Diana estaba sentada en el escusado con una mano dentro de la tina de baño y la otra en el lava manos, hacía media hora que se había encerrado en el baño para lavarse pero no pudo más con la imagen que miró en el espejo al estar desnuda, odiaba lo que veía y decidió ponerle fin. No es que lo estuviera planeando o lo hubiera pensado con antelación, no, solo fue algo que sucedió y punto.

Estaba ahí parada frente al espejo  viendo un ser amorfo, un monstruo más parecido a una Gorgona que a una niña casi adolescente y no pudo más, cogió las tijeras y corto ambas muñecas. La sangre brotó de inmediato, Diana se sentó y cerró los ojos esperando el momento de su muerte, el dolor lentamente se transformó en un sopor que al cabo de unos minutos le subía por los brazos hasta tenerla cogida por la cabeza y comenzó a desvanecerse, allí mismo, en el cuarto de baño donde había sido ultrajada por el único ser que ella creía que la quería, Eduardo, su héroe y  hermano mayor.

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